Tecnología, nueva arma de motivación masiva

 

CEIP Santo Domingo

¿Puede la tecnología ser una motivación extra para los alumnos? La experiencia en el Colegio Santo Domingo en Algete y en el Instituto Príncipe Felipe en el Barrio del Pilar, ambos en Madrid, dice que sí. De hecho, ambos centros “tienen una alta demanda de las familias” y, además, en las pruebas de evaluación externa “están por encima de la media”, como confirma Educación.

Ambos centros son públicos y el IES Príncipe Felipe, además, forma parte de un programa de la Comunidad de Madrid que eligió a 15 centros de los 208 que se presentaron en 2010, para formar parte del proyecto de Institutos de Innovación Tecnológica e imparten, al menos, un 25% de las clases con herramientas tecnológicas. Por su parte, la aplicación de las nuevas tecnologías en la educación en Santo Domingo es un proyecto personal de su director, Óscar Martín.

Son dos formas diferentes de llevar las nuevas tecnologías al aula, pero los resultados hablan por sí mismos. Padres y alumnos están encantados tanto con las metodologías como con los resultados.

¿Libro o iPad?

Los libros de texto son el alma de la educación actual. A pesar de introducir las nuevas tecnologías en el aula, estos centros no los eliminan, al menos no del todo. En el Instituto Príncipe Felipe siguen siendo la base de su educación. Sin embargo, van acompañados por aulas virtuales en las que los profesores refuerzan con teoría y ejercicios propios lo que el libro enseña.

En cambio, en el Colegio Santo Domingo se apuesta por el contenido propio de los profesores, aunque en educación infantil y en parte de educación primaria aún se utilizan algunos libros. Pero la idea es que tiendan a desaparecer los libros de texto, que no otro tipo de libros de consulta para realizar los trabajos.

CEIPS Santo Domingo

En Santo Domingo los alumnos tienen entre 3 y 16 años y en su gran mayoría vienen de fuera de la urbanización en la que se encuentra el colegio. “El centro estaba a punto de cerrar por falta de alumnos, pero decidimos empezar con este proyecto y ahora mismo tenemos más de 400 alumnos”, explica Óscar Martín, director del centro y antiguo alumno. “Cuando tengamos la segunda línea, serán 750”.

En este colegio se utilizan los iPads y la metodología es sencilla: el aprendizaje gira en torno a los mapas mentales. “Todo el contenido que vas trabajando se va seccionando y cada vez que se habla de algo se coloca en su casilla. Y se sigue la estrategia básica: cada rama va de un color y se jerarquizan los contenidos”, señala Martín. El método “es muy visual y así se memoriza más rápido”. Por esto, los libros se han sustituido casi por completo y se utilizan los contenidos creados específicamente por los profesores. Pero no solo ellos son creadores de contenido, los alumnos también lo generan continuamente. Una vez los mapas mentales están subidos

El proyecto de Óscar Martín necesita la implicación de toda la comunidad educativa. Los profesores suben los mapas mentales, que directamente se publican en las cuentas de Twitter de cada clase. Así, los alumnos saben qué deben estudiar para el día siguiente, cuando preguntarán sus dudas y comenzarán a trabajar con el tema, que culmina con un trabajo de investigación por parte de los alumnos. En este trabajo, el alumnado se documenta (a través de Internet, libros que les da el profesor o que consulta por su cuenta y preguntando a expertos) y realizan sus propios vídeos para explicar a sus compañeros el tema que tengan que tratar. Los trabajos son en grupo, lo que fomenta la integración de los niños: “Se reparten las tareas, todos tienen que hacer algo, si a uno se le da mejor dibujar, será imprescindible, y lo mismo con el resto”, apunta Martín.

IES Príncipe Felipe

Cuando José Guerrero, actual director del instituto, llegó en 2012 a la dirección del centro, ya había pasado varios años en el equipo directivo y había visto germinar y crecer la idea del proyecto de innovación tecnológica que lleva a cabo el centro.

Las aulas de las clases de secundaria “están dotadas con puestos individuales con acceso a Internet. Los pupitres tienen un aspecto ordinario, pero son abatibles y los ordenadores se despliegan hacia arriba”, explica Guerrero. Encima de la tarima, la mesa del profesor junto con una pizarra electrónica. Desde los dos monitores que maneja el profesor, sabe qué está haciendo cada alumno. Además, un grupo de dos o tres alumnos por clase, se encargan de ir cada mañana antes de la primera clase para comprobar que todos los ordenadores funcionan. Son los alumnos ‘WiFi’ y se dedican a controlar que los ordenadores se utilizan de la forma adecuada. Si un ordenador no funciona, en seguida se sabe quién fue el último alumno en utilizarlo porque los profesores controlan dónde se sienta cada alumno.

El uso de las aulas virtuales ha gustado tanto a algunos profesores que “también las utilizan en bachillerato y en formación profesional”.

Abanderados de la pública

Si Óscar Martín y José Guerrero coinciden en algo, además de creer que el uso de las TIC en clase aumenta la motivación de los alumnos, es que la educación pública sólo puede luchar contra la privada dando lo mejor de sí misma. Para ello, la comunidad educativa debe estar unida y plantearse el mismo objetivo.

“La crisis nos ha puesto alguna dificultad para poder llevar a cabo nuestros proyectos en el centro”, explica José Guerrero. El centro se ha visto afectado por los recortes en Educación. Sin embargo, no han dejado de plantearse nuevos proyectos como la implantación del Bachillerato Internacional para 2017 o que los alumnos de formación profesional realicen prácticas en el extranjero, todo para ofrecer “una oportunidad europea” a sus estudiantes. “Todo lo que hacemos en el centro es por el empeño de un claustro de profesores bastante comprometido con la defensa de la enseñanza pública y con competir en nuestro entorno para conseguir que nuestro centro pueda conseguir demanda de la privada”, señala.

De forma similar habla Óscar Marín: “La implicación del profesorado es lo que ha hecho posible que pusiéramos en marcha el proyecto”. “De hecho, después de unos años de mucho trabajo, ahora por fin podemos disfrutar de lo que hemos hecho”, cuenta Óscar. Sin embargo, su trabajo no termina aquí, los profesores siguen colaborando entre ellos para mejorar el proyecto, detectando las carencias de los niños: “Nos dimos cuenta de que los estudiantes no estaban muy puestos en cultura general, así que modificamos un poco el proyecto y han mejorado mucho”.

Las TIC motivan a los alumnos, pero son una estrategia más dentro del panorama educativo. “Cada vez habrá más cambios en la forma de enseñar a los alumnos, aunque no todos los centros se dedicarán a las TIC”, explica Óscar Martín. “Los padres tendrán más libertad para elegir qué proyecto les interesa más”.


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Categoria: Noticias, Tecnologia

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