La vida de los osos polares en el Ártico

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Cada abril entre 2014 y 2016, durante 8 a 11 días, un grupo de nueve osas polares llevaron en sus cuellos una cámara de alta tecnología.

El resultado son horas y horas de filmación que muestran cómo es el día a día de estos animales en el Ártico, más específicamente, en el mar de Beaufort, en Alaska, Estados Unidos.

“No solemos poder observar mucho a estos animales”, dijo Anthony Pagano, biólogo del Servicio Geológico de EE.UU., a la revista The Atlantic.

Es que, agregó, los osos pasan la mayoría de sus vidas en zonas aisladas, rodeados de hielo, y pueden atacar a los humanos que se acercan demasiado.

Por eso el estudio publicado la semana pasada por Pagano en la revista científica Science es tan revelador.

Los investigadores pudieron ver desde la propia perspectiva de los animales y sin interferencia humana cómo, por ejemplo, pueden pasar horas sentados junto a un hueco en el hielo, esperando a que una foca emerja para respirar.

Pero lo más destacado del estudio es cómo, debido al calentamiento global, la vida de estos animales es cada vez más difícil.

“En la última década hemos estado documentando descensos en las tasas de supervivencia de los osos polares, en su condición corporal y en el número de ejemplares”, afirmó Pagano según un comunicado de la Universidad de California en Santa Cruz (EE.UU.), donde prepara su doctorado.

“Este estudio identifica los mecanismos que están impulsando esas caídas al observar las necesidades energéticas reales de los osos polares y la frecuencia con la que pueden atrapar focas”, agregó.

Menos energía para cazar

Los collares de alta tecnología que los investigadores colocaron a las osas no solo eran capaces de registrar videos, sino también ubicaciones y niveles de actividad.

De esta forma, los científicos pudieron monitorear tanto el comportamiento como tasas metabólicas a lo largo de 2 años.

Según el estudio, las tasas metabólicas registradas fueron en promedio 50% mayores que las descritas en investigaciones anteriores.

En otras palabras, queman mucha energía, más incluso que otros grandes depredadores como los osos negros o los leones.

Por eso su habilidad para cazar y recuperar energías es tan determinante.

“Cinco de las nueve osas en el estudio perdieron masa corporal, lo que significa que no estaban capturando suficientes presas de mamíferos marinos ricas en grasa para satisfacer sus demandas de energía”, explicó la Universidad de California en el citado comunicado.

El responsable, señala el estudio, es el cambio climático.

En el Ártico, el hielo marino está disminuyendo a una tasa del 14% por década y la región del mar Beaufort está entre las más afectadas por este proceso.

Dicho deshielo obliga a los osos polares a desplazarse por mayores distancias y dificulta la captura de presas, lo que incide en su consumo energético ya de por sí alto.

Paganó afirmó a The Atlantic: “(Los osos polares) dependen mucho de poder atrapar focas para cumplir con las demandas energéticas. Y como el hielo se está rompiendo más temprano cada año, eso está reduciendo sus oportunidades de cazarlas”.

En la última década, la población de osos polares ha disminuido aproximadamente en un 40%.

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