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Jaime Bayly afirma que “Alan García está vivo”

Jaime Bayly expuso en la última edición de su columna como una conversación con la viuda de Alan García y posteriormente con un hombre elegante lo hicieron dudar sobre si verdaderamente el expresidente peruano estaría muerto o si se encontrase escondido en otra parte del mundo.

Un sábado por la noche en un restaurante de comida uruguaya, donde llegó junto a su esposa a cenar, una mujer de mediana edad, vestida de blanco se acerco a ellos para decirles que una mujer sentada al otro extremo del local quería hablar exclusivamente con Jaime, pero él sabía que debido al programa que tiene y a lo que escribe en sus columnas, debería tratarse de una señora que quería increparle por algo que vio o leyó, por ello le pidió amablemente que si «querían hablar con el, que se acercaran a su mesa», pues no podía dejar a su esposa sola.

Al comunicar esto, la mujer se aproximó a la señora que quería hablar con Jaime y le contó lo sucedido, posteriormente a ello, desde lo lejos le dijo «no sabes cuánto le dolió tu columna a Alan». Recién entonces, Bayly comprende que la mujer que le hace el reproche es la viuda del expresidente peruano Alan García, quien se suicidó tres años atrás, de un disparo en la cabeza, cuando los fiscales llegaron a su casa en Miraflores para arrestarlo.
Luego de ello, la viuda continuó y dijo «Alan pensaba que lo veías como una figura paternal», a esto, Jaime responde, «Sentí mucho su muerte. Me dio mucha pena. Y así lo dije en mi programa».

Tras esto, la conversación no paraba y la señora alcanzó a decir que » Alan sufrió mucho cuando publicaste esa columna. Fue un golpe terrible para él. Se sintió traicionado. No debiste escribirla», aludiendo a una columna escrita hace 12 años, epoca en la que Alan era presidente del Perú y cuando Jaime jugaba con la idea de ser candidato presidencial, una aventura que Alan apoyaba.

En aquella platica que tuvieron ambos, la cual fue privada, Jaime cuenta la icónica frase que dijo Garcia, «la plata llega sola», tras esto Bayle piensa lo siguiente «quizá la viuda tiene razón, no fue caballeroso publicar lo que Alan me dijo en privado. Pero enseguida piensa: tampoco fue caballeroso que Alan conspirase para sacarme de la televisión no una, sino dos veces, cuando advirtió que yo no era sumiso, dócil, incondicional a él».
Finalmente, la viuda se levanta de su mesa y se va sin que Jaime se despida de ella. Tras esta conversación, Bayly siente un poco de remordimiento por lo que dijo y se quedó pensando sobre Alan Garcia.

¿Alan está vivo?

Al día siguiente, Jaime Bayly y su esposa asistieron a un restaurante de comida mediterránea cuando un señor atildado, elegante, de mediana edad, se acerca a su mesa y le dice a Barclays: «Tengo algo importante que decirle. ¿Puedo sentarme un momento?.
Extrañado y resignado, Jaime le dice que sí y procede a hablarse sorpresivamente sobre Alan García y le dice que estaba vivo, que no se había suicidado y que vive en Europa.

Ante esta afirmación Jaime piensa que el sujeto era un charlatán y le dijo que estaba equivocado, que Alan se mató hace 3 años, a lo que el elegante señor le dice, «No, Alan vive en las montañas de un pueblito en Suiza» y tras estas afirmaciones por fin se presenta como un abogado que vive entre Madrid y Barcelona y está obsesionado en demostrar que el expresidente no se mató.

Conversación entre Jaime y el abogado

-¿Me concede quince minutos? -pregunta ceremoniosamente a Barclays.
Luego pasa a exponer su caso:
-Alan se creía Dios. Dios no se entrega. Dios no se mata. Dios sobrevive.
Barclays asiente. El abogado prosigue:
-Alan era un escapista. Sabía que esa mañana irían a su casa a arrestarlo. No tenía un plan para matarse. Tenía un plan para escapar.
A continuación, el abogado recuerda:

-Hace treinta años, cuando los militares fueron a arrestarlo con órdenes de matarlo si no se entregaba, Alan no se entregó, no se mató. Escapó. Huyó por los techos. Se escondió en casa de un amigo. Se escondió en el auto de ese amigo. Se refugió en la embajada colombiana. Pidió asilo. Huyó. Escapó. Su primer instinto no era entregarse ni matarse. Era escapar.

Barclays piensa: el abogado tiene razón.

El abogado continúa su alegato:

-Fujimori y su Rasputín Montesinos mandaron matarlo en Bogotá. Alan escapó. Mandaron matarlo en París. Alan escapó. Alan escapaba siempre.

Enseguida afirma:

-El día previo a su supuesto suicidio, Alan se despidió de sus alumnos en una universidad en Lima. Dijo que esa sería su última clase. Sabía que en pocas horas irían a arrestarlo. ¿Se quedó en su casa esperando mansamente a que llegasen los fiscales para matarse? No, claro que no. Ejecutó su plan de fuga.

-¿Cómo se fugó? -pregunta Barclays, impresionado por la elocuencia y la lucidez del abogado de apellido italiano.

-Salió por la azotea, saltó por los techos vecinos y se escondió en el cuarto falso de una casa cercana que su comando secreto había alquilado. Escapó por los techos, como huyó hace treinta años, cuando Fujimori mandó arrestarlo.

-Pero la mañana de su suicidio hubo un disparo que el fiscal escuchó, y hubo un cuerpo que el fiscal vio, y el cuerpo fue llevado a un hospital -dice Barclays-. Si ese cuerpo no era el de Alan, ¿de quién era? ¿Y cómo nadie distinguió que el muerto no era Alan?

El abogado prosigue con vehemencia:

-El comando secreto de Alan, sus dos guardaespaldas, mataron esa mañana, de un balazo en la cabeza, en el dormitorio de Alan, a un hombre alto, voluminoso, muy parecido a Alan, vestido de negro, como Alan vestía aquella mañana, a quien tenían escondido en el baño. Lo habían buscado por semanas, por meses, en todo el país, cuando Alan ya no podía salir del Perú, pues le habían confiscado el pasaporte. Lo secuestraron, apenas confirmaron su parecido físico a Alan. Lo tuvieron encerrado. Cuando llegó el fiscal, los guardaespaldas lo mataron de un solo balazo y dejaron el arma al lado para que pareciera un suicidio. Era el doble, el sosia. Mientras Alan huía por los techos con sus dos guardaespaldas, el cuerpo que se llevaban los policías no era el suyo, era el del sosia. Pero se parecía mucho a él. Y como el rostro estaba desfigurado por el balazo, era fácil confundirlos.

Sorprendido, perplejo, Barclays le pregunta al abogado:

-¿Por qué estás contándome todo esto?
-Porque quiero que me ayudes a escribir un libro.
-Lo leeré con mucho gusto -responde Barclays-. Pero debes escribirlo tú.

Luego pregunta:

-¿Y cómo escapó a Europa?
-Tenía todo el plan de fuga bien preparado. Recordarás que su ataúd no se abrió. Nadie vio su cadáver. Lo cremaron de inmediato. Hay una foto de sus hijos sonriendo el día en que lo cremaron.

Barclays piensa: este abogado, tonto no es. Yo creo que Alan se mató, pero ha logrado hacerme dudar.
-El comando secreto de Alan tenía un avión privado para sacarlo desde un aeropuerto clandestino. Así escapó. Por supuesto, ya tenía un pasaporte válido, al día, con la identidad cambiada. Con ese pasaporte huyó a Europa.

-¿Por qué a Suiza?
-Porque tiene su fortuna, o la tenía, en la banca de Andorra, cuando aún era seguro tenerla allí. Probablemente, ahora que en Andorra ya no estaría segura, la ha escondido en Suiza, la tiene en efectivo. Debes entender que Alan es un hombre muy rico. Tiene centenares de millones de euros.

-Has hecho una exposición brillante -dice Barclays-. Pero no me has convencido. Yo creo que Alan está muerto.
-No -dice el abogado-. Alan está vivo. Alan vive. Y algún día te mostraré una foto de él, en las montañas suizas donde vive escondido, sin ningún vecino cerca que pueda reconocerlo.

Al terminar el día, luego de encontrarse con la viuda de Alan García y luego con el abogado que quiere demostrar que el expresidente sigue vivo, Jaime quedó con la duda de que esto podría ser posible, pero sus convicciones le repiten que García si falleció aquel día.

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